Parábola de la red: Mt 13, 47-50
Breve Homlía, clases de expresión oral y escrita
El día de hoy Jesús nos presenta la parábola de la red y nos invita a reflexionar sobre tres aspectos importantes de nuestra vida y sobre nuestra relación con el Reino de los cielos.
En primer lugar, Jesús nos habla de la red. Todos los días Él lanza sus redes y, como aquellos peces que quedan dentro de ellas, también nosotros somos llamados por Dios. Él no lanza sus redes solamente para unos pocos, sino para todos por igual. Dios nos llama constantemente a vivir según su voluntad: a ayudar al prójimo, a seguir sus mandamientos, a ser bondadosos, a perdonar y, en definitiva, a responder al llamado que Él nos ofrece. Sin embargo, aunque la red sea lanzada para todos, somos nosotros quienes escogemos cómo responder a ese llamado. Cada día tenemos la posibilidad de elegir entre hacer el bien o hacer el mal, entre acercarnos a Dios o alejarnos de Él.
En segundo lugar, Jesús nos habla de la separación entre los peces buenos y los malos. Aquí podemos ver que, al final de los tiempos, será Dios por medio de sus Ángeles quien juzgue nuestras acciones y nos separe. No nos corresponde a nosotros este lugar en decidir quién es bueno o quién es malo. Más bien, se nos invita a mirar nuestra propia vida y preguntarnos: ¿qué tipo de pez estoy siendo? Pensemos en algo sencillo: un tomate podrido que se encuentra junto a otros tomates. Con el tiempo, aquello que estaba en buen estado puede terminar dañándose. De la misma manera, las decisiones y ambientes que escogemos pueden influir en nuestra vida. Por eso debemos cuidar aquello que dejamos entrar en nuestro corazón, nuestras amistades, nuestras palabras y, sobre todo, nuestras acciones.
Finalmente, Jesús nos habla de aquellos que son arrojados al horno. Esta imagen no debe llevarnos simplemente al miedo, sino a tomar conciencia de las consecuencias de nuestras decisiones. Dios no quiere nuestra perdición, por el contrario, quiere que todos alcancemos la vida y permanezcamos cerca de Él. Por eso Jesús nos advierte: no para condenarnos, sino para invitarnos a cambiar, a volver a Él.
Hermanos, recordemos entonces que cada día, cuando sale el sol, Dios vuelve a tender su red sobre nosotros. La red ya ha sido lanzada; ahora nos corresponde responder a ese llamado. No se trata de luchar contra la red, sino de dejarnos encontrar por Dios y permitir que Él transforme nuestras vidas. Cada nuevo día es una oportunidad para hacer el bien, para acercarnos más a Dios, para corregir nuestros errores y para vivir de acuerdo con aquello a lo que Él nos llama.
Porque Dios no viene a buscar solamente a unos cuantos; Él viene a buscarnos a todos. Y la pregunta que queda para nosotros hoy es muy sencilla: si la red de Dios ya está sobre nosotros, ¿qué estamos haciendo con la oportunidad que Él da?
