Logo del Prenoviciado Santo Domingo de Guzmán
Escudo de la Provincia de San Luis Bertrán de Colombia
Publicaciones
Pastoral

Homilia de la conmemoración de todos los fieles difuntos

Homilia de la conmemoración de todos los fieles difuntos

Los santos de ayer y los difuntos de hoy forman una sola familia. Jesús nos dice “No pierdan la calma”, porque la muerte no es el final, sino el camino hacia la casa del Padre.

Ayer celebrábamos a todos los santos, a esa multitud inmensa que ya contempla el rostro de Dios, y hoy la Iglesia nos invita a mirar a quienes amamos y ya partieron, nuestros padres, abuelos, hermanos y amigos. No es una coincidencia que estos dos días vayan juntos, es como si la Iglesia nos dijera que los santos de ayer y los difuntos de hoy forman una sola familia, y que nosotros, que aún caminamos, somos parte de ella. Hoy no venimos al templo a llorar sin esperanza, sino a rezar por los nuestros y a recordar hacia dónde vamos.

El Evangelio del día de hoy, escuchamos a Jesús que nos dice a cada uno. “No pierdan la calma. Crean en Dios y crean también en mí”. Él sabe lo que es el miedo ante la despedida, y por eso no nos regaña por estar tristes, sino que nos tranquiliza. Y nos hace una promesa: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Voy a prepararles un lugar, y volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes”. La muerte no es un abismo en el que caemos solos, es Cristo mismo que viene a buscarnos para llevarnos a casa.

Cuando Tomás dice “no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?”, Jesús responde con una de las frases más hermosas del Evangelio, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No nos da un mapa, se nos da a sí mismo. Quien ha caminado con Cristo en esta vida no llega a la muerte como a un lugar desconocido, sino al encuentro con Aquel que ya conoce. Por eso nuestros difuntos no están perdidos, han llegado, o van llegando, a esa casa del Padre donde todos tenemos un lugar preparado.

Por eso, hermanos, nuestra fe nos permite vivir este día con lágrimas, sí, porque el amor duele cuando falta la persona amada, pero también con alegría serena. Si ayer los santos nos mostraron que la meta es posible, hoy nuestros difuntos nos recuerdan que ese es también nuestro destino. Recemos por ellos con confianza, ofrezcamos una oración, una visita al cementerio con el corazón agradecido. Y que cuando nos llegue la hora, no nos encuentre con miedo, sino con la certeza de que alguien nos espera con los brazos abiertos. Esperamos la vida eterna, porque Cristo es el camino, y quien camina con Él nunca llega a un final, sino a un hogar.

Compartir esta publicación