Llevamos la Palabra de Dios a la vereda Chinata, en Gámbita-Santander, durante la Misión del Rosario, realizada en la finca San Luis Bertrán
Una semana de visitas a los hogares, oración, evangelización y fraternidad nos permitió acercarnos a las familias de Chinata, en Gámbita-Santander y compartir con ellas la alegría del Evangelio.
Del domingo 12 al sábado 17 de octubre de 2026, los once prenovicios del Convento Santo Domingo de Guzmán, acompañados por el padre Prior Fray Álvaro Alonso Vergel Montaguth, O.P, y nuestro maestro de prenovicios Fray Nelson Novoa Jiménez, O.P. nos desplazamos hasta la finca San Luis Bertrán para llevar a cabo la Misión del Rosario, una experiencia de evangelización y encuentro con las personas de este sector.
Durante esta semana, tuvimos la oportunidad de recorrer los caminos de la comunidad y visitar a las familias en sus hogares, llevando la Palabra de Dios, promoviendo el rezo del santo rosario y compartiendo la comunión con aquellas personas que, por motivos de salud o enfermedad, no pueden desplazarse. Estos encuentros se convirtieron en espacios de escucha, cercanía y acompañamiento, en los que cada visita nos permitió conocer diferentes realidades y reconocer la presencia de Dios en la vida de las personas.
La acogida de las familias, marcada por el amor, la sencillez y la humildad, hizo de esta misión una experiencia especialmente significativa para nosotros. Como signo de nuestra presencia y compromiso como comunidad dominicana, entregamos a las personas un rosario y un manual para aprender a rezarlo, con el propósito de fomentar esta devoción mariana y animar la oración en los hogares.
Nuestra misión también llegó a la escuela de la vereda, donde compartimos con los niños la Palabra de Dios mediante actividades recreativas y espacios de encuentro que favorecieron su acercamiento a Jesús. A través de estas experiencias, buscamos sembrar en sus corazones el deseo de conocerlo, amarlo y reconocerlo como parte fundamental de sus vidas.
Además de las actividades pastorales, nuestra semana estuvo marcada por la vida fraterna y comunitaria. Compartimos la Hora Santa en la capilla de la finca, fortaleciendo nuestra vida de oración y nuestro encuentro con el Señor. Asimismo, dedicamos parte de nuestro tiempo al embellecimiento de la capilla y de la casa de la finca, contribuyendo al cuidado de los espacios que hicieron posible el desarrollo de la misión.
De igual manera, vivimos una experiencia significativa junto a fray Álvaro Vergel, durante la caminata al manto de la Virgen y al mirador del cañón de La Hondura, en este último lugar, fray Álvaro celebró la Eucaristía con nosotros, en medio de la inmensidad de la naturaleza, creando un espacio de silencio, oración y contemplación que nos permitió encontrarnos con Dios y compartir como hermanos, este momento nos invitó a reconocer su presencia en la belleza de la creación y a valorar los frutos que el proceso de formación ha dejado en nosotros: el crecimiento en la fe, el fortalecimiento de la fraternidad, la capacidad de escuchar y acompañar a los demás, y el deseo de seguir respondiendo con generosidad a nuestra vocación dominicana.
La jornada de clausura tuvo lugar el sábado 17 de octubre, con la participación de la comunidad, que se desplazó hasta la finca. En este encuentro, fray Nelson Novoa presidió la celebración de la Eucaristía, que se convirtió en un momento especial de acción de gracias, oración y compromiso mutuo. Durante la celebración, nos comprometimos a orar por las personas de la vereda, mientras que ellas ofrecieron sus oraciones por nuestras vocaciones. La jornada concluyó con un compartir fraterno que nos permitió celebrar los vínculos construidos durante la semana.
Al finalizar esta experiencia, regresamos a Tunja con el corazón agradecido y la satisfacción de haber compartido nuestra fe con el pueblo de Dios. Esta Misión del Rosario nos recordó que evangelizar no consiste únicamente en llevar un mensaje, sino también en saber escuchar, aprender de los demás y descubrir la presencia del Señor en cada rostro y en cada historia.
De esta manera, nuestra experiencia en San Luis se convirtió en una oportunidad para fortalecer nuestra vocación dominicana, vivir la fraternidad y renovar nuestro compromiso de anunciar la verdad del Evangelio, siguiendo el carisma de la Orden de Predicadores: contemplar y compartir con los demás lo contemplado.
